El imperialismo, en su aspecto general de
conquista y dominaciòn de los organismos polìticos
y econòmicos por parte de un centro estatal superior,
no es un echo exclusivo del capitalismo.
Prescindendo de su contenido social, existen numerosos tipos
del mismo fenòmeno històrico: un imperialismo
asiàtico, un imperialismo greco-romano, un imperialismo
feudal y finalmente un imperialismo capitalista. Alos obreros
revolucionarios nos interesa, sobre todo, la diferencia
sustancial que distingue al imperialismo capitalista de
su contraposiciòn històrica, o sea, el imperialismo
feudal.
Dejando a un lado siempre las otras diferencias fundamentales,
el imperialismo feudal y el imperialismo capitalista se
dintiguen netamente en cuanto que el uno se manifestò
en construcciones estatales que tenian fundamento territorial
y terrestre, mientras que el otro se presentò en
la escena històrica, sobre todo, como dominaciòn
mundial fundada en la hegemonìa naval, y por consiguiente,
en el dominio de las grandes vìas oceànicas.
Bajo el feudalismo podìa ejercer una funciòn
imperialista el poder estatal que diponìa de la primicia
militar terrestre; bajo el capitalismo, por el contrario,
que es el modo de producciòn que ha conducido a cotas
inauditas la producciòn de mercancìas y exasperado
hasta lo iverosìmil los fenòmenos del mercantilismo
ya ìnsitos en los precedentes modos de produciòn,
el imperialismo està conectado a la primacia naval,
hoy convertida en primacia aeronaval.
Imperialismo capitalista es ante todo hegemonìa en
el mercado mundial. Pero, para conquistar tal supremacìa,
no bastan una potente màquina industrial y un territorio
que les asegure las materias primas. Hace falta una inmensa
marina comercial y militar, o sea, el medio con que controlar
las grandes vìas intercontinentales del tràfico
comercial. Los acontecimientos històricos demuestran,
efectivamente, còmo la sucesiòn en la primacia
imperialista està ligada estrechamente, en règimen
de mercantilismo
capitalista, a la sucesiòn en la primacia naval.
La decadencia de la Repùblica veneciana, que se elevò
a gran potencia y esplendor en la època de las Cruzadas,
se iniciò con la pèrdida del monopolio del
comercio entre Asia y Europa. El tràfico intercontinental
se desarrollaba, una parte por vìa maritima, o sea,
en el Mediterràneo y en el Mar Rojo, y otra parte
por vìa terrestre. En efecto, no existiendo el Canal
que acostase el istmo de Suez, era necesario trasbordar
las mercancìas llevadas por las naves que atracaban
en los puertos de la costa egipcia del Mar Rojo, a los carros
terrestres y fluviales que aseguraban el enlace con los
puertos mediterràneos, entre los cuales tenìa
la primacia Alejandrìa.
El descubrimiento de Amèrica habìa hecho a
Portugal y Espana patrones de vastos imperios coloniales,
los primeros el la historia del imperialismo moderno. Verdaderos
precursores del imperialismo de tipo estadounidense, los
portugueses no se preocuparon de la ocupaciòn de
grandes territorios, ocupàndose sobre todo en tomar
posesiòn de los pasajes obligados del tràfico
mundial.
En le àmbito de tan grandioso plan, era indispensable
conquistar la hegemonìa en el Ocèano Indico,
puente de pasaje entre los continentes màs desarrollados
de la època: Europa y Asia. Asì tuvo lugar
que, partiendo de la Colonia del Cabo, conquistada a principios
del siglo XVI, los portugueses metieron las manos en Ceylàn
y en Malaca, extendièndose hasta el archipièlago
de la Sonda , y màs tarde en China, donde ocuparon
Macao. Pero el golpe que hiriò mortalmente la supremacìa
veneciana fue la ocupaciòn portuguesa de la isla
Socotra y del estrecho de Ormuz, situados respectivamente
a la entrada del Mar Rojo y del Golfo Pèrsico. De
tal modo las antiguas vìas de agua y de tierra del
comercio euro-asiàtico fueron interrumpidas, y las
naves que intentaban violar el bloqueo portuguès
eran undidas despiadadamente. Entonces, la Repùblica
de Venecia y el Sultan de Egipto, para salvar los intereses
comunes, estrecharon la alianza contra los nuevos patrones
del Ocèano Indico, pero la flota aliada fue derrotada
en la batalla de Diu (1590).
[...]
...continúa
en "internationalist
papers n.12 / 2004"